Su llegada le dio la 15 a los azules e inició el proyecto de volver a construir la grandeza del equipo. Desde su llegada, el técnico argentino Miguel Ángel Russo recibió la confianza de los hinchas, directivos y jugadores. Su experiencia como jugador líder en aquel Estudiantes de La Plata de 1982 y 1983 y su experiencia como entrenador ganador y competitivo, ilusionaban al equipo azul. A los 32 años se retiró como jugador en 1988, al año siguiente, su liderazgo y su forma de entender el juego lo llevaron a ser el entrenador de Lanús, que estaba en segunda división del fútbol argentino. En 1992 ascendió al equipo a primera y en 1994 dejó al Lanús para dirigir al club de sus amores: Estudiantes de La Plata, que también estaba en el descenso. En el año en que Russo tomó las riendas, el equipo ascendió, allí duró hasta 1996.

En Chile fue su primera experiencia internacional como entrenador dirigiendo a Universidad de Chile. En el primer año llegó a semifinales de Copa Libertadores en donde perdió con River Plate. Luego fue a Rosario Central en 1997, después dio el salto a Europa dirigiendo al Deportivo Salamanca, años más tarde fue a Colón de Santa Fe, retornó a Lanús, dirigió Los Andes -equipo de segunda división de Argentina al que también ascendió-, fue al Monarcas de México y en 2003 regresó a Rosario Central dándole la clasificación a la Copa Sudamericana y Copa Libertadores.

En 2005 llega su primer título en primera división dirigiendo a Vélez Sarsfield y su segunda semifinal en una copa internacional, pues con el equipo de Liniers llegó a las semifinales de la Copa Sudamericana.

En 2007 consiguió el primer título internacional de su carrera, luego de dos intentos. Russo tomó las riendas del Boca Juniors de Juan Román Riquelme y Martín Palermo y se coronó campeón en de la Copa Libertadores con un equipo que jugaba a su estilo: dominio de balón, solidez defensiva y efectivo en marca. Un título que cumplió 10 años y que todavía es celebrado por ser la última Libertadores para el club argentino.

Su historia en Millonarios, tercer club extranjero

A Russo lo tentaron desde Junior de Barranquilla, pero su destino fue Millonarios. A su llegada a Bogotá afirmó que le sedujo el proyecto por ser un equipo grande que quería salir de los malos momentos.

Su trabajo inició con una declaración contunde para el hincha. “No soy de prometer títulos, lo único que puedo prometer es trabajar seriamente. Ya he dirigido clubes grandes y sé lo que significa”. Esas fueron sus palabras en la rueda de prensa de presentación.

El primer gran paso del equipo azul bajó las ordenes de Russo fue ser más sólido en defensa, ayudar al compañero y pensar en el equipo más que en lo individual. El segundo paso que dio fue llevar a los jugadores jóvenes despacio para luego potenciarlos como lo ha hecho con Santiago Mosquera, John Duque, Christian Huérfano y Jader Valencia.

Y el tercer paso fue manejar los recursos de gran manera. La hinchada y la prensa creían que el Millonarios de Russo necesitaría mejores hombres para afrontar los campeonatos. Pero el DT argentino se defendió con los jugadores que le dieron y los protegió de las críticas. El equipo azul no juega al estilo que le gusta, pero es efectivo y competitivo, algo que en el fútbol moderno es importante.

Otro punto importante en el trabajo del entrenador fue que el equipo tuviera su sede propia. Esto ayudó a Russo pues siempre afirmó que estar más cerca de las divisiones inferiores es fundamental para crear proceso y los entrenamientos con el plantel profesional es más cómodo.

El semestre de Russo fue impecable. 26 partidos jugados. 13 ganados, 9 empatados y 4 perdidos para lograr la anhelada estrella 15 que pone a Millonarios a dos de Atlético Nacional, máximo campeón del fútbol colombiano.