El central igualó el gol inicial de Gerard Moreno y en la celebración mandó callar a la grada. A partir de ahí subió la tensión. La lluvia marcó el derbi.

Empezó soso el derbi y acabó volcánico después de que Gerard Piqué rescatara al Barcelona de un naufragio en el charco en el que se había convertido el terreno de juego a causa de la lluvia y un drenaje más que cuestionable. El tanto de Piqué, que mandó callar en la celebración a la grada de Cornellà, sirvió para que el conjunto blaugrana igualara el golazo inicial del otro Gerard Moreno y superara la racha de partidos sin perder en Liga que tenía el Barça de Guardiola de la temporada 09-10. A pesar de que Quique cambió el guión de su equipo respecto a los tres anteriores partidos, en los que alineó un equipo más defensivo, al partido le costó coger ritmo.

Entre la lluvia, el viento y el frío, el encuentro se encalló entre dos equipos con muchas precauciones. Se jugó de inicio muy lejos de ambas porterías. El Barça trataba de buscar a Coutinho sin demasiada suerte mientras que Iniesta dictaba paciencia. El guión del Barcelona esta temporada marca que los partidos se cuecen a fuego lento en la primera parte para darle un golpe definitivo en la segunda. Y teniendo en cuenta el arsenal que tenía Valverde en el banquillo con Messi como figura destacada, todo parecía que apuntar a que así sería.

Un disparo lejano de Coutinho a la cruceta de Diego López fue el único argumento ofensivo del equipo blaugrana en el primer acto del partido. Por su parte, el Espanyol se aferró a Leo Baptistao, quien se aprovechó de la presión alta de sus compañeros. Ter Stegen frustró su primer intento y el balón, tras un remate de cabeza, le salió alto.

Quedó el partido pendiente de una segunda parte en la que estaba por ver si el desgaste físico pasaba factura al Espanyol, que corrió mucho sobre un campo que se iba encharcando a marchas forzadas. El Barça, por su parte era consciente de que si quería solventar el partido, tenía que aumentar la marcha de su juego.

Empezó el Esopanyol el segundo tiempo dando un susto al Barcelona marcando a los 50 segundos de la reanudación. El árbitro no concedió el tanto a instancias de su asistente, que vio como la pelota que Baptistao centró había salido por la línea de fondo. Lo raro es que no lo viera el árbitro, que estaba delante y sí el asistente, que estaba en el otro lado del campo.

Recuperado del susto, el Barcelona aumentó el ritmo, pero fue un espejismo. El equipo de Valverde se quedó varado en un césped impracticable por los charcos al que no pudo adaptarse ni siquiera cuando sacó a Messi y a Sergi Roberto.

Un mal saque de portería de Ter Stegen permitió al Espanyol recuperar la pelota y desplegar una contra con el Barça desorganizado. El gran centro del recién ingresado Sergio García lo remató impecablemente Gerard Moreno.

El Barça se ahogaba en el charco en el que se convirtió el terreno de juego y daba la sensación de que la racha de partidos sin perder en la Liga se iba a escapar en Cornellà…hasta que llegó el tanto de Piqué a falta de siete minutos de partido que desató un incendio en la grada tras la celebración del central, quien minutos después recibió un estacazo de Gerard Moreno. A partir de ahí ya no se jugó a nada y hubo más tensión que fútbol, Piqué volvía a salir ganador.