España jugará su cuarta final de la categoría, por el título que le falta. Doblete de Abel Ruiz. El árbitro no dio un gol legal a Malí con 0-2. Espera Inglaterra

España está a 90 minutos de hacer historia. Sólo el partido del próximo sábado contra Inglaterra le separa de la gloria, de completar sus vitrinas. La Rojita superó a Malí en las semifinales con una autoridad sorprendente, en un duelo que ni los más optimistas se habían atrevido a pronosticar. Los africanos, según muchos analistas, eran los principales favoritos al título. Todo quedó en papel mojado cuando los de Santi Denia saltaron al césped del DY Patil Stadium de Bombay y derrocharon personalidad y talento.

Malí comenzó con una presión muy alta y ganas de mandar. La Rojita le recordó pronto que no le iba a ceder tan fácil la pelota. En el 2’, tras una buena jugada personal de Abel Ruiz, el balón se quedó franco para Sergio Gómez, pero su zurdazo lo detuvo milagrosamente Koita. La clara ocasión hizo dudar a los malíes, que retrocedieron varios metros. Las oportunidades se sucedieron hasta que en el 18’ César Gelabert aprovechó un buen envío de Ferrán Torres para provocar un claro penalti. Abel Ruiz no perdonó.

España se afianzó, creció en el juego y al borde del descanso obtuvo su premio. Otra vez Gelabert, joya de la cantera del Madrid, apareció para dejar solo a Abel con un pase de genio. El del Barça definió con frialdad de ‘killer’.

Tras el descanso, España volvió como se fue, pero aprendió una lección que le debe servir para la final: en un Mundial no se debe perdonar. Abel Ruiz, que recuerda por su excelente juego asociativo a Benzema, erró una ocasión clamorosa que dio pie a que Malí se estirase y provocara una de las injusticias del torneo. Un gol legal que el árbitro no vio y que debió subir al marcador.

La sentencia de La Rojita, muy superior todo el encuentro, llegó con un cabezazo de Ferrán Torres. El tanto de Ndiaye poco después sirvió más de maquillaje que de peligro real. España, a pesar del gol no concedido a Malí, está en la final por méritos propios. Nadie debe discutirle eso: La Rojita es más que justa finalista.