Conserva ese mostacho que lo caracterizó a lo largo de los 15 años que duró su próspera carrera pugilística y que lo llevó a ser, además de campeón mundial del peso gallo (118 libras), uno de los tres peleadores más grandes de la historia de Colombia, al lado de Antonio Cervantes Reyes -Kid Pambelé- y de Rodrigo -Rocky- Valdés. Un referente de las décadas del ochenta y noventa.

Poquísimas canas en su cabello, brazos aún fuertes y la jocosidad de siempre que le permitió grangearse el remoquete de “Happy” (feliz, en inglés). Eso sí, una barriga prominente de la que, incluso él, se ríe. “Soy feliz, ahora más que nunca”.

Miguel “Happy” Lora escribió una de las páginas más emocionantes y maravillosas del boxeo colombiano del siglo pasado, en una época en que este deporte tenía grandes figuras: Alexis Arguello, Julio César Chávez, Evander Holyfield, Sugar Ray Leonard, Marvin Hagler, Thomas Hearns, Héctor Macho Camacho, Roberto “Manos de Piedra” Durán, Mike Tyson, Félix Trinidad, Óscar de la Hoya, entre otros.

Tiene 56 años, vive en el residencial sector de Monteverde, al norte de Montería, la ciudad de toda su vida y donde nació el 12 de abril de 1961.

¿Qué hay de su vida hoy?
“Ando dedicado a mi familia, vivo con mi esposa y mi hijo menor (administrador de empresas) ya que mis dos hijas mayores están casadas; tengo dos nietas y me muevo en negocios particulares relacionados con la ganadería y los bienes raíces”.

¿Y le va bien?
“Gracias a Dios, sí. Me da para vivir tranquilo, sabroso, sin problema alguno, vivimos paseando, haciéndole el bien a los demás”.

Mejor dicho, el Happy sigue siendo feliz...
“Claro que sí y bien chévere, jocosamente sabroso, ahora soy más feliz que antes. Diría que estoy recibiendo una bendición de Dios porque, después de 24 años de haberme retirado del box (así se expresa), ahora es cuando estoy más vigente. Y no se puede explicar de otra forma pues sigo recibiendo homenajes, me invitan a dar conferencias en las que me ponen como ejemplo de vida, situación que me llena de satisfacción porque la gente reconoce en mí a un deportista íntegro y ejemplo para el boxeo mundial”.
A diferencia suya, muchos otros boxeadores acabaron mal, sin dinero, con problemas, arriesgando sus vidas, ¿qué opinión le merece, fue por falta de educación, malas amistades…?

“Lo único que me preocupa es que Dios les dé salud a ellos y a sus familias; yo tuve otra visión, buenos principios de vida y formación, estuve bien asesorado y lo poquito que me gané en el box (porque en aquella época no se pagaba bien en algunas divisiones, como la del peso gallo en la que competí), lo he conservado. Mantengo mis propiedades y estoy bien, a Diosito le pido que a quienes no siguieron un buen camino o no tuvieron fortuna, les dé vida y salud”.

Y de salud, ¿qué tal está?
“Demasiado bien, hace 40 años que no me da una gripa, troto todos los días y entreno, me mantengo en forma”.

¡Sí!… ¿A pesar de los kilitos de más que se le notan?
“Ah, eso es buena vida… Bueno, no todo puede ser perfecto. Creo que todo se debe a una vida sana, disciplinada, he sido una persona dedicada a mi familia y hago deporte, me siento bien”.

¿Y qué pasó con su viejo proyecto de entrenar jóvenes promesas del boxeo?
“Este es un deporte que ha bajado mucho de nivel y tiene poco apoyo en el país. Y dedicarme ahora a conseguir un fenómeno o un talento, como lo fui yo, y con un boxeo en crisis, es muy complicado. Estoy tranquilo así. Quizás con el impulso que la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) le pretende dar a esta actividad en Colombia, ahora que abrirá sede en Medellín, podría pensar en eso más adelante: ahora no hay condiciones”.

¿O no hay buenos púgiles?
“Si veo algún muchacho que pueda ayudar y tenga condiciones, es posible que me dedique a entrenar prospectos, pero la verdad y, pese a que el boxeo es el que más gloria le ha dado al país, pues ya llevamos 55 campeones mundiales, siendo Pambelé el primero, creo que no hay un material humano con condiciones para perpetuarse como lo hicimos muchos años atrás”.

Entonces, ¿qué hacer?
“Tener sentido de pertenencia y respaldar el deporte. Por ejemplo, ojalá la idea de la AMB de rescatar muchachos de las comunas a través del boxeo traiga cosas buenas. A ellos hay que brindarles oportunidades, diálogo, conferencias, hablarles para que cojan el camino correcto, que no lleguen a las drogas, que saquen a sus familias adelante y que sepan que el deporte, en general, conlleva a una vida sana, en paz, tranquila y con salud”.

Desde su retiro hasta hoy, ¿ha surgido algún pugilista como Happy Lora?
“En Colombia, lástimosamente no. Modestia aparte, no ha habido uno tan completo como yo. Es que para ser un campeón sólido y mantenerse en buenas condiciones después del retiro se necesita ser un boxeador integral”.

Ah, ¿así como usted se describe?
“Sí, que llene todos los requisitos: carisma, disciplina, sea guapo, que se sepa mover en el ring, con buenos movimientos de piernas, brazos, cintura, de esgrima, que pegue, que fueron las virtudes que me llevaron a ser grande”.

¡Qué humildad!… “Es que, sinceramente, uno completo como Lora no lo he podido ver. Por ahí están haciendo las vueltas para ver si me clonan (risas). Solo le pido a Dios que, ojalá, salga otro así para que tengamos buenos campeones mundiales y se consoliden”.
¿Cree que le faltó algo por hacer? Ganar más dinero, hacer más peleas, unificar títulos, mejor manejo…

“Claro que sí. Me faltó unificar la corona y ser campeón en una división más alta (supergallo) y consolidarme como gran figura en la meca del boxeo mundial (Las Vegas) porque, cuando fui a pelear allí, celebrando la octava defensa del título, no tuve fortuna y el mexicano Raúl Jíbaro Pérez me ganó en una decisión apretada que, con el paso de los años, me di cuenta, al ver los videos, que era para un empate”.

Pambelé dice que, después de Mayweather, hoy no hay un gran boxeador, ¿comparte esta apreciación?

“No lo hay, tal vez Manny Pacquiao, por su don de gentes, gran deportista, pegador y esgrimista. Hoy no hay uno que haga mover el torniquete (registradora) y llene escenarios”.

Del boxeo de Pambelé y Lora, ¿qué le hace falta al pugilista colombiano de hoy?
“Les falta la pegada de Pambelé, un boxeador que pegaba retrocediendo, que lo supieron llevar boxísticamente, le echaron los mejores rivales del momento y de todo el mundo, y que era muy alto para la categoría welter júnior. Y de Happy Lora, que fue un fuera de serie, modestia aparte, cintura, pasos laterales, bolo punch (golpe que lo caracterizó en su época utilizando el brazo, en forma lateral, como una hélice), juego de piernas, carisma, un hombre que llenaba escenarios…”

Otra vez, muy modesto…
“No, es darle al César lo que es del César, la historia así me honra y doy gracias a Dios por esas bondades que me permitió desarrollar” n