Rayados derrotó 2-0 a Tigres en el Clásico Regio y confirmó sus credenciales de candidato al título. Juninho, en propia meta, y Avilés Hurtado fueron los autores.

Golpe sobre la mesa de Monterrey a la Liga MX. Los Rayados de Mohamed ruborizaron 2-0 a los Tigres de ‘Tuca’ Ferreti en el Estadio BBVA Bancomer. El Clásico Regio 113 fue un monólogo rayado, vocalizado por Avilés Hurtado, Neri Cardozo, Rogelio Funes Mori, Carlos Sánchez… Un ‘ballet’ azul y blanco, en plena forma antes de la Liguilla del fútbol mexicano, instancia que premia la inspiración y condena la dejación.

Funes Mori, en dos ocasiones, forzó a Nahuel Guzmán a trabajar a marchas forzadas desde temprano. El guardameta argentino debió prodigarse con los pies, con las manos, e incluso con la quijada para detener a su compatriota. Fue en preludio de lo que sería el encuentro. Mientras ‘El Tuca’ debía retocar su retagurdia ante la baja prematura de Jiménez, y Carioca y Rodríguez no encontraban la brújula, Sánchez y Cardozo se regodearon con los espacios entre líneas y torturaron a los felinos. Nahuel no hizo más que aguantar metralla. Sánchez, desde fuera del área. Funes Mori, escorado a la derecha. Ayala, barrido in-extremis para evitar el impacto de Funes Mori. Hurtado, cortando de fuera hacia dentro para disparar de derecha. Y Ramos Palazuelos, con el brazo en alto, borrando un gol de Hurtado de los registros. Sin noticias de los Tigres. Rodríguez se hacía un picnic mientras Gignac y Valencia merodeaban lejos de su terruño.

Los Rayados apretaron el acelerador y Tigres entró aún más dormido al segundo tiempo. Desbordó Neri Cardozo, lanzó la diagonal tras internarse al área desde el pasillo derecho y Juninho la empujó a su propia meta. La imagen cabizbaja del defensor brasileño resumió la noche felina. Monterrey siguió vigoroso, punzante, torrencial. Sus puntales transitan como galgos en pista. Un punterazo de Hurtado generó un nuevo tiro de esquina. A continuación, una obra de arte de pizarrón. Cobro a primer poste, giro completo de Nicolás Sánchez para cambiar la trayectoria del cuero y remate suave de Hurtado, demasiado suave, quizá, y demasiado esquinado, también. Los dedos untados de grasa de Guzmán no pudieron repeler el segundo tanto ‘rayado’.

El partido degeneró porque Monterrey lo sacó del fuego y los Tigres ya se habían calcinado. Aún hubo tiempo para que Pabón quisiera redimirse tras su traumática media semana de Copa MX (dos penaltis fallados ante América), para que González se limpiara el óxido ante un punterazo de Valencia, y para que la afición del BBVA Bancomer, contenida, más jubilosa que combativa, vitoreara a sus ídolos, superlíderes del Apertura 2017 y candidatos principales al título. Un canto que tiño Monterrey de rayas. Pero viene la Liguilla…